sábado, 13 de septiembre de 2008

Calentamiento global

Café Literario

A lo largo de la última mitad del siglo XX hasta nuestros días, el movimiento ambientalista se ha globalizado a la par de los efectos por el incremento en la temperatura atmosférica. Las circunstancias son ampliamente conocidas, aunque podemos A cuestionar el conocimiento pleno de las consecuencias si no existe previamente un análisis puntual de las causas. Detrás del hecho irrefutable de que las emisiones de gases carbónicos, en su mayoría resultante del uso indiscriminado de combustibles fósiles, son en su conjunto causales del efecto invernadero, queda por replantear el grado de responsabilidad de quienes, directa o indirectamente, somos un eslabón más en la cadena del deterioro ambiental. Es indudable que se trata de un problema grave, y que los distintos vaticinios sobre sus consecuencias inmediatas anuncian desde ahora desajustes naturales en determinadas zonas geográficas cuyos efectos socales repercutirán también en una escala global. Los discursos en pos de una solución emergente están en boga, en tanto la polarización entre grupos ambientalistas, naciones industrializadas y la industria energética, sugiere puntos de inflexión a partir de un argumento real y sin embargo paradójico: Ninguna de las partes desconoce ni minimiza el problema. Por el contrario, alientan el discurso de una solución limpia y económicamente rentable, en tanto se sugieren medidas precautorias a nuestros hábitos para ser puestas en práctica desde el entorno doméstico. La solución final, no obstante, sigue acaparando la atención generalizada, y mientras más se la busca tanto más es el vacío que en sí mismo encierra la discrepancia entre el discurso esperanzador y la realidad inminente, y entonces el círculo se cierra: llueven dudas razonables sobre el compromiso de la industria energética y las naciones industrializadas al tiempo que, seamos activistas ambientales o no, es imposible abstraernos del motor que mueve al mundo para elevar (o en su defecto mantener) nuestra calidad de vida. Afrontamos entonces dos retos globalizados: uno ambiental y otro de índole social. Aunque en el papel la solución de uno implica la afectación del otro, bien podemos considerarlo desde una perspectiva diferente, no inmediata, racional y pragmática. Así como la naturaleza tiende al equilibrio por medio de la interacción de diversos sistemas, la búsqueda de una solución a la amenaza por el cambio climático debe ser en sí misma un modelo congruente con la sistematización de la economía global. Antes que la aplicación de una solución técnica para reducir dramáticamente las emisiones de gases carbónicos a la atmósfera, es preciso replantear también el equilibrio geográfico de los beneficios que, en términos de desarrollo, acarrea el actual modelo económico globalizado. Quizá un enfoque en pro del equilibrio natural en busca del equilibrio social no sólo repercuta en un desarrollo económico sostenible; quizá sea ésta la oportunidad de aspirar, globalmente hablando, a dirigir nuestros esfuerzos hacia un desarrollo integral humano.



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